January 17, 2010

Un artista necesita el reconocimiento, ABC.Spain

Sobrina del cardenal Herrera Oria, Carmen Herrera se ha convertido en «el descubrimiento de la década»

By TERESA DE MIGUEL ESCRIBANO - Desde su casa de Nueva York Carmen Herrera habla pausada, sabe que la paciencia es el fruto de su éxito. Ser una mujer latinoamericana en el Nueva York de los años 50 no fue la mejor carta de presentación para vender cuadros en aquella época. Ahora, después de casi un siglo esperando a ser reconocida, aparece en las portadas del «New York Times» y el semanario «The Observer» la define como «el descubrimiento de la década». «Se me cerraron muchas puertas en las narices por ser mujer, por ser latinoamericana. Pero eso no interrumpió mi carrera». Y siguió pintando sus formas geométricas, su abstracción sencilla llena de colores, nunca por fama o dinero sino porque para ella llenar lienzos era «una convulsión, un gustazo».

De París a Nueva York
Nacida en La Habana en 1915, Carmen Herrera vivió bajo la influencia de una madre avanzada para su época, una reportera del periódico cubano «El Mundo» de la que aprendió que su género no le impediría ser la artista que quiso ser. Herrera no formaría su estilo hasta su llegada a París en 1928, donde se puso en contacto con el grupo francés de arte abstracto Salon des Réalités Nouvelles. «Yo estaba buscando un vocabulario pictórico y no lo encontraba, pero en eso nos fuimos a Francia y conocí el Salon, que era como una respuesta a lo que los alemanes habían dicho que era degenerado».

Recuerda aquella etapa de su vida con nostalgia, porque donde Herrera habría querido vivir habría sido en París, en esa ciudad en la que los artistas intercambiaban colores después de la Segunda Guerra Mundial y en donde la cubana empezó a considerarse artista. Allí entendió que a ser pintora no se aprende en las escuelas. Pero en los años 50, después de haberse casado con un neoyorquino, Herrera se mudó a «la ciudad que nunca duerme», donde ha vivido hasta hoy. Entonces la pintora empezó a ver cómo en el más avanzado Estados Unidos, irónicamente, era menos reconocida que en Europa. No quisieron darle exposiciones en solitario, los coleccionistas no se interesaban por sus obras y las galerías no querían comprar sus cuadros. «Si hubiera tenido que vivir de mis pinturas me hubiera muerto de hambre».

Esa relativa soledad y falta de reconocimiento en la que vivió durante seis décadas hizo que se concentrase en su pintura y crease las obras que hoy sorprenden a los críticos de medio mundo. «A mí lo que me gusta es estar sola, que me dejen trabajar», pero ahora que los medios se interesan por su obra, que sus cuadros cuelgan de las paredes del Museo de Arte Moderno de Nueva York y de la Tate Modern londinenese, la artista cubana no teme hacer lo que más le gusta: pintar.

No se queja, reconoce que la espera ha valido la pena, aunque hayan sido 94 años. «Antes cuando pintaba un cuadro y lo veía seis meses después y me seguía gustando me sentía bien, pero por supuesto que uno necesita el reconocimiento».

El también pintor y amigo de Herrera desde hace más de tres décadas, Tony Bechara, cuenta la casualidad que llevó a la cubana a este reconocimiento. «Fue una coincidencia porque un comisario de arte inglés buscaba a un venezolano de apellido Herrera y descubrió a Carmen». Aquél comisario llevó los cuadros de Herrera a la galería Ikon, en Birmingham (Inglaterra), y por aquella exposición el semanario inglés «The Observer» escribió que Herrera era «el descubrimiento de la década». «Yo no lo podía creer», recuerda ilusionado Bechara. Aquella crítica encendió la mecha que todavía hoy no se ha apagado.

Sobrina de Herrera Oria
Aunque afirma que su vida no es sumamente interesante, el pasado de Carmen Herrera está lleno de arte, viajes e historia. Su tío era el cardenal Herrera Oria, director de «El Debate«, primero periodista y luego sacerdote. «El cardenal me ayudó a sacar a mi hermano de la cárcel en Cuba, eso se lo debo a él y a España».

Sus descendientes y su amor por la pintura española ligan a la cubana a esta tierra, a donde le encantaría volver. «Desgraciadamente tengo 94 años y ya no podría a no ser que me lleven en andas como a los santos», bromea Herrera. Pero la cubana querría traer sus cuadros a algún museo español. «Para mí eso sería cerrar el libro con broche de oro».

http://www.abc.es/20100117/cultura-arte/artista-necesita-reconocimiento-sobrina-20100117.html