May 28, 2010

Carmen Herrera habla con Gustavo Valdés, Linden Lane Magazine

Carmen Herrera/ homenaje

Por GUSTAVO VALDÉS – GV: ¿Cuáles fueron sus primeros conocimientos de arte?
CARMEN HERRERA: Mis primeros conocimientos de arte comenzaron a ser adquiridos a muy temprana edad. Yo estudié con Federico Edelman, que era el director de la Academia de San Alejandro, y yo iba a casa de Don Federico a recibir lecciones junto a un hermano, pero era
a mí a quien le interesaba la pintura. Pasaba muchas horas en su fabulosa
casa colonial dibujando las cosas clásicas: cabezas, cabellos, manos, pies. Además, viniendo de una familia enterada de arte, tuve la oportunidad de crecer en medio de una interesante
colección de arte formada por mi padre.

GV: ¿Sintió el rigor de un entrenamiento académico?
CH: De alguna forma sí. Al irme a estudiar a París, tuve que tomar muchos cursos de arte. En algunos de los cursos de dibujo se nos requería
copiar, rigurosamente, láminas. De regreso a Cuba entré en contacto con algo muy interesante, y que era el Lyceum de La Habana, una sociedad de mujeres muy intelectuales, y muy
activas dentro de la cultura. En este Lyceum había muchas clases, entre ellas, las de escultura y pintura, las cuales tomé. Esto sucedía durante el tiempo en que las circunstancias sociopolíticas eran responsables por los frecuentes cierres de la Academia de San Alejandro. Fue por esa irregularidad en la Academia, que nunca me fue posible asistir a ésta. Así
que mi aprendizaje en artes plásticas se lo debo, en gran medida, al Lyceum.
Posteriormente voy a ingresar en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana. Allí se abrió para mí un mundo extraordinario que nunca más se ha vuelto a cerrar: el mundo de las líneas rectas, que me ha interesado hasta el día de hoy.
GV: Entonces pretendía seruna arquitecta…
CH: Sí.
GV: …y terminó convirtiéndoseen pintora
CH: Sabes, tuve un amigo, ya fallecido, Benjamín Beno, y él me decía que tuve mucha suerte en no completar mis estudios de arquitectura, porque quizás, nunca habría nacido la pintora.
Lo cual, no necesariamente debió de suceder así. Sin embargo, estimo que hay ciertos elementos y conceptos de arquitectura que se reflejan en mi pintura, y no me molesta en lo absoluto.
GV: Carmen, usted llega a Nueva York, por primera vez en 1939, ¿cuál fue el Nueva York que encontró entonces, desde el punto de vista artístico?
CH: Desde el punto de vista artístico, me sentí muy defraudada. En esa época sólo había dos pintores por los cuales sentía gran admiración: Stuart Davis y Georgia O’Keefe; los otros movimientos de pintura no me interesaban para nada. Sentí que lo que había dejado en Cuba era más genuino, más fuerte. Me hizo notar el alto grado de apertura hacia el arte moderno que
se vivía en la isla; esto, dado a que conocí a la mayoría de los artistas cubanos y su obra en aquel momento.
GV: Ya para nosotros, usted pintaba profesionalmente, ¿no?
CH: Fíjate que no. Estaba haciendo escultura, y aunque pintaba también, el énfasis era en esculpir. En Cuba había hecho mucha talla en madera, lo cual se me dificultaba
mucho en Nueva York, porque conseguir la madera era un verdadero problema. Esto y la influencia recibida de las exposiciones vistas y las visitas a museos, y cómo quedaba de fascinada con éstas, me fueron llevando a la pintura de una forma paulatina, pero también de una forma muy definitiva.
GV: ¿Cuándo se encuentra Carmen Herrera con el mundo del minimal, y lo adopta como estilo?
CH: Eso fue muy interesante. En París expuse en un salón que hoy ha devenido en histórico: el Salon des Réalités Nouvelles, un salón que se creó en respuesta a lo que había pasado
durante la Segunda Guerra Mundial, al considerar los alemanes lo avantguarde como degenerado, y así todas las voces de los artistas europeos cuyas voces el “nazismo” pretendió callar, se juntaron para realizar este salón de realidades nuevas, donde todo lo exhibido era abstracto, geométrico, y muchos artistas, ya minimalistas. Albers era uno de los expositores, y
cuando vi el primer catálogo, fue una revelación enorme. Sentí que lo que recogían esas páginas
era el tipo de arte que yo había querido hacer toda mi vida. Me enteré más sobre el Bahaus,
conocí a muchos artistas que exhibían en ese salón, y resultó ser mi camino.
GV: ¿Cómo fue recibida nuevamente en Nueva York, en 1954, una mujer pintora, que además
era latinoamericana, cubana, y haciendo las cosas que hacía?
CH: Mala-mente. Una mujer latina, pintando de la manera que yo lo hacía, tenía todas las de perder. Pero no dejé que me molestara. Creo, si supieras, que el éxito repentino no es conveniente, ni nunca me interesó. Mi carrera ha sido lenta, pero la prefiero así a desbocarme en un tipo de arte apurado, poco inteligente, no pensado.
GV: ¿Cuál es la esencia compositiva de su obra?
CH: Básicamente el color, y lo que sucede cuando éste se va reduciendo y se queda, como en mi
caso, con dos colores. Entonces hay una sutileza, una cosa que casi no puedo ni explicar, al escoger los colores que se van a yuxtaponer. Es curiosísimo. Y por supuesto, hay que
pensar en el tamaño y forma (cuadrado, rectángulo, oblongo) del cuadro; y esto lo obliga a uno a ciertas cosas. Pero volviendo a tu pregunta, el color es lo que más me interesa.
GV: ¿Usted considera que el Minimalismo, como estilo pictórico, se ve reflejado en el llamado “arte conceptual”, que de alguna manera impera actualmente?
CH: De verdad que me resulta difícil contestarte esa pregunta. A mí siempre me pareció una veta del arte que no alcanza un final, y sí creo que lo que se está haciendo actualmente, en muchos casos, tiene características minimalistas. Lo que yo hago pudo parecer en un momento mFuy arriesgado, y ya ves, que ahora salen cosas aún más arriesgadas. Pero el
buen arte no se encasilla, lo que interesa y trasciende es la obra mayor de los buenos artistas. Algunos de los artistas que hicieron época e historia solo abrieron los caminos para los artistas de hoy.
GV: ¿Adonde quiere llevar su obra?
CH: ¿Te soy sincera? A ninguna parte. Que se quede donde está y como está. Te parecerá arrogante, pero estoy muy satisfecha con mi obra. Tras todos estos años de estar pintando, creo haber llegado a decir lo que quería, pictóricamente. No creo poder avanzar más, y ciertamente nunca retroceder.
GV: ¿Cree que el arte actual está atravesando un período de degeneración?
CH: No, lo que creo es que hay una gran confusión. Una gran confusión en todos los géneros de
pintura, como también en otras esferas del arte. Si los artistas que vamos a las galerías y museos a enterarnos de la obra de los expositores tenemos dificultad comprendiéndolos, me
imagino lo que el público puede estar pasando. Nuestra época es confusa y sería mucho pedir que el arte no lo sea. El arte refleja la sociedad; y la nuestra, es, ciertamente, una sociedad caótica.

GV: Carmen, ¿usted se considera una pintora cubana?
CH: Yo me considero muy cubana. No creo que exista el pintor cubano, o el francés, o el americano. No soy en el sentido de mi obra nada nacionalista. El artista es universal y
no lo limitan definiciones ni status. Mi obra en realidad no se acerca a lo que tradicionalmente hicieron los grandes maestros cubanos, muchos de ellos, mis amigos. Puede que alguien que vea mis cuadros piense que es pintura japonesa, por lo simple de las composiciones. No creo que pueda identificarse como pintura cubana.
GV: Usted realizó sus primeras exposiciones en La Habana, luego en París, más tarde en Nueva
York, ¿me pregunto si le gustaría volver a exponer en Cuba?
CH: ¿En qué condiciones? ¿La Cuba de ahora, o la que pudiera venir?
GV: Respóndase usted misma.
CH: En la Cuba actual no me interesaría. En una Cuba libre estaría encantada en exhibir.

Gustavo Valdés es historiador y curador de arte independiente. Ha publicado El color de la palabra: entrevistas a 32 artistas cubanos y coeditado la monografía Hugo Consuegra. Es co-productor de la serie fílmica “Un pintor, un cuadro” de Lunáticas Productions, Paris, Francia
Carmen Herrera y Gustavo
Valdés. Foto: Pedro Portal